Esta semana, Alberto Chicote se infiltra de incógnito en ‘Yami & Jani’. Al frente del establecimiento está Yami, un músico cubano sin experiencia en hostelería que asumió el restaurante con la idea de hacerlo crecer, ya que el dueño anterior le aseguró que podría convertir en local en una franquicia, pero que se ha visto superado por la gestión, el estrés y una deuda creciente. Yami regenta el negocio junto a su marido Jani, puertorriqueño, y ninguno de los dos conoce cómo es en realidad un bar andaluz. Junto a ellos, un equipo desmotivado que cuestiona constantemente la autoridad del propietario y un concepto de negocio difuso, sin identidad clara.
Con la ayuda de un informante interno, Alberto Chicote se introduce en el local para analizar su funcionamiento real. Durante la inspección nocturna, el chef descubre una situación alarmante: carne y pescado en estado crítico, malos olores, suciedad acumulada durante años, telas de araña, cuerpos de cucarachas muertas atrapadas en trampas para insectos y unas condiciones higiénicas muy alejadas de lo exigible. A ello se suma un ambiente de trabajo marcado por los gritos, los reproches constantes y una total falta de organización, donde nadie parece asumir responsabilidades.
Tras reunir pruebas y llevarlas a analizar a un laboratorio, Chicote irrumpe en el restaurante para revelar la verdadera situación y afrontar el problema desde dentro. Será el momento de abordar no solo las graves deficiencias del local, sino también el principal reto del negocio: transformar la actitud de su propietario y construir un liderazgo real que permita ordenar el equipo y dar sentido a un proyecto completamente desdibujado.
